lunes, 20 de abril de 2009

Siempre


Difícilmente he aprendido, y con el tiempo Dios perfeccionará la lección, lo que es amistad. He querido moldearla a mi manera, nutrir mis instintos inmediatos de su cercanía tangible, material. He sido egoísta. Me he perdido de alegría. Sueño y pido por un día donde deje de titubear para ofrecerla con todo y esa pequeña fracción de dolor que sabe que vendrá el día en que las distancias son ineludibles y en momentos tajantes; que con más frecuencia, para la aseveración, piense en que por ella la vida vale infinidad de veces la pena.

Más allá, en lo profundo y más preciado de mi corazón han sido eternas, y más poderosas -me ha dicho mi mejor Amigo-. Pues qué más que dejarlas cada día, cada suspiro anhelante, en manos de aquel que desde su concepción los amó.

Escribo esto después de un tiempo porque creo que en el momento me daba miedo empezar el proceso. No creo que tenga nada de malo desde ahora extrañarla. Y no pienso estancarnos con unas palabras ahora sí huecas: Ojalá te quedarás para siempre.

A mi amiga preciosa, que ya ha empezado sus primeros versos de su Cantar de los Cantares: Conoce siempre…

Tú sabes que siempre… siempre, incondicionalmente.



A mi Dios grande, tan grande, alabo y pido por tu próximo matrimonio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

chijos, cada vez que lo leo lloro jajaj A.K